Cuantísimas veces, me he preguntado y me han preguntad, esa cuestión tan temida, que a veces es capaz de llevarte hasta la propia duda existencia. ¿Por qué escribes? Como un santo tomas moderno he reflexionado muchísimo buscando mi motor inmóvil, la chispa que prendió mi interés por expresar, mis ganas de transmitir, podría ponerme trascendental y contad de forma poco honrada que es el amor el motor de mi pluma, pero nada más lejos de la realidad, hoy me pareció encontrar la razón, y como futuro psicólogo cree mi propia patología, la llamé complejo de trapecista.
Nunca me han gustado los circos, es más, los payasos me daban miedo, y el circo en general una sensación de anti higiene total (con perdón de los cirqueros). De eso también tiene culpa mis toques de obsesivo compulsivo, pero eso no es de lo que quería hablar.
Como decía los circos no eran santo de mi devoción pero siempre me atrajo el mundo del malabar, y del trapecio, volteretas personas volando atravesando el cielo suspendidos por una cuerda, malabares con mazas pelotas aros lazos, y un sinfín de innumerables trucos que me dejaban sin aliento.
Yo nunca he tenido especial habilidad para ninguna de las cosas antes mencionadas, aprendí a hacer el pino y alguna que otra figura plástica y malabares a fuerza de sudor y lágrimas, obligado para aprobar la asignatura de educación física, pero de ahí no se me puede sacar, soy nulo. En este punto creo es en el que comienza mi síndrome. Siempre soñare con colgarme de una cuerda y volar por los aires como un habilidoso trapecista y como nunca podre realizarlo, realizo malabares con las palabras, juego con ellas, las mareo las retuerzo y las exprimo las exploto, vuelo colgado del hilo de mi imaginación y doy volteretas con símiles y metáforas tan solo y como diría Freud estoy proyectando. Soy un malabarista de las palabras, tan solo un mero showman, una performance… de aquí en adelante si alguien me pregunta que porque escribo diré que porque siempre quise ser trapecista, eso sí en un circo limpio y sin payasos.
Mientras tanto y como estaba pensando, para todos los que no poseemos habilidad y queremos aportar a la ilusión del circo y volar por los aires, siempre nos quedara la esperanza de ser hombre bala.
Fdo. Trapecista frustrado.
Pd: mi segunda ilusión era conocer a una rusa circense de largas y blancas piernas, espía de la urss, tan solo lo dejo caer.
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