Hipocresia de trinchera
No todo está perdido…
Eso pensé mientras el último pendón bailaba al son del viento de poniente, que barría el yermo campo de batalla, cuerpos de hermanos hijos y padres se esparcían como una macabra alfombra con rostros humanos, la sangre aun cálida las heridas aun abiertas, y el eco de las voces aun resonantes en la lejanía, pronto llegaría la lluvia…
Las bestias salvajes no tardarían en dar cuenta de las carcasas de esas pobres almas que murieron cegados por la ira, que cargaron con el odio en sus armas, que atravesaron armaduras como papel, que sesgaron vidas como trigo convencidos de que hacían un bien mayor, merecían morir.
Quien no merece morir, quien merece vivir ¿acaso esa potestad esta en tu juicio? Sin embargo si en tus manos.
Acaso tú mereces vivir, tenias razón, tu dios es el verdadero, tu patria es la soberana, es tuyo ese petróleo, eres un liberador… ¿Cuál es tu motivo para matar?
No todo está perdido pienso a veces, cuando el raciocinio acude a mi cabeza y comprendo lo absurdo de la misma pero para entonces desenvaino la espada y la hundo en el pecho de otro inocente más, quizás me engaño…
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